miércoles, 25 de noviembre de 2015

Perfiles

La tragedia de Hillsborough


Perfiles

Entrevista a Alejandor González Iñárritu

Conoce la vida personal y profesional del premiado director mexicano.


Perfiles

Detrás de cámaras de El secreto de sus ojos

Así se realizó la película argentina ganadora del Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera.




Perfiles

Momentos III y IV
El poste de Pinilla y la falla de Higuaín.
El Nacional, el Monumental y las dictaduras.



“¡Uuuuh, puta! ¡Hijo de puta! ¡Concha de tu madre!”. Iván Zamorano, ex seleccionado chileno, grita acelerado, sin importarle que millones lo escuchen por el televisor. ¿Y quién no está gritando?, si Mauricio Pinilla, delantero de “la roja” acaba de estrellar un balón en el palo, a sólo segundos de que el partido de octavos de final, frente a Brasil termine. La portería se encuentra temblando, al igual que todos los chilenos, al igual que todos los brasileños. De haber entrado ese balón, Chile habría eliminado de manera heroica a Brasil, clasificándose a los cuartos de final.

La realidad es distinta, el hecho es que el tiro de Pinilla se quedó en el poste, y tras 120 minutos de partido, la eliminatoria se definirá en penales. La misma portería que retumbó tras el tiro del delantero chileno, será de nuevo la protagonista. Bajo de ella se para Claudio Bravo, arquero chileno, a once pasos está David Luiz, quien se perfila, agacha la cabeza y arranca la carrera para contactar el balón que termina en gol.

El círculo central es compartido por jugadores de Brasil y Chile. Juntos pero no revueltos, se abrazan, rezan y miran hacia el cielo. Algunos de ellos se hincan, pegan su frente al pasto y parecen hablar con dios, tal vez negocien algo con él, o quizá sólo le supliquen, pero algo se traen con dios. Por su parte, la tanda sigue, el marcador se encuentra 3-2 a favor de Brasil. Es el turno de Chile de cobrar, si es gol, hay muerte súbita, si no, todo se habrá terminado para ellos. El encargado es Gonzalo Jara, quien más seguro no podría lucir. Coloca el balón con serenidad, se perfila y tras dar un suspiro de aparente tranquilidad, impacta el balón, que tal como el de Pinilla, golpea el poste.

En el círculo central, jugadores de ambos equipos se desploman y lloran. Brasileños de alegría y chilenos de tristeza, de dolor absoluto. Por su parte, Jara ve hacia todos lados como esperando una respuesta de cómo fue que falló el penal. Su rostro parece el de un niño asustado, desprotegido y desconsolado.

Chile una vez más se ha quedado en la orilla perdiendo frente a Brasil, como pasó en Sudáfrica 2010, Francia 1998 y en el mundial organizado en su país en 1962, donde obtuvo el tercer lugar.

Es agosto de  1973 y a once años del tercer lugar obtenido en casa, los resultados no han sido buenos para Chile, sin embargo la generación de futbolistas es considerada la mejor de la historia del país. Tras un empate global ante Perú en las eliminatorias para la copa mundial de Alemania 1974, todo se define en un tercer partido en Uruguay, en el que Chile derrota 2-1 a la selección peruana. Sólo resta disputar una serie a visita recíproca ante la Unión Soviética para conseguir el boleto a la copa del mundo.

A quince días de disputar el partido en la Unión Soviética, la selección chilena se prepara. Ese mismo día, el 11 de septiembre, las fuerzas armadas de Chile también se declaran listas y emprenden la misión. Un par de aviones sobrevuelan la sede del gobierno, y la junta militar advierte sobre un bombardeo si el palacio no es entregado. Al respecto, el presidente de la nación, Salvador Allende, asegura que no abandonará el lugar y se quedará a defenderlo.

“¡Empezaron a bombardear la moneda! Empezaron a bombardear el palacio de la moneda, cuando son dos minutos para las doce”. Es la voz del periodista Ignacio González Camus, quien trabajando para Radio Balmaceda, narra el momento en el que los aviones que sobrevolaban el lugar, empiezan el ataque. Y así, con la sencillez con la que se lanzan una serie de misiles, el golpe de estado se ha dado, creando una cortina de humo alrededor del palacio, una de verdad, que bajo de ella guarda escombros y destrucción.

Augusto Pinochet, designado apenas un mes atrás, jefe del Ejército de Chile, es el líder del golpe junto con la incursión del gobierno estadounidense. Asimismo es el hombre que horas antes firmó una proclama en la que aseguraba que “Las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros de Chile, están unidos, para iniciar la histórica y responsable misión de luchar por la liberación de la Patria del marxista, y la restauración del orden y de la institucionalidad”.

De esa manera se inició la “responsable misión”, que incluía una advertencia a los medios de comunicación “adictos a la Unidad Popular”, que de no suspender sus actividades serían castigados por tierra y aire, tal como La Moneda. Finalmente, el decreto señalaba que “El pueblo de Santiago debe permanecer en sus casas, a fin de evitar víctimas inocentes”.

“En la calle, cuando iba a entrenar, yo vi varios muertos”. Leonardo Veliz es uno de los jugadores más importantes de la selección que se encuentra preparándose para el partido frente a la Unión Soviética. Rumbo al entrenamiento tiene en su mente algo más que balones, tiene cadáveres.




Tras el golpe de estado, la unidad militar se encarga de tomar como prisioneros políticos a miles de personas, que son llevadas, encerradas, torturadas y asesinadas en el Estadio Nacional. Fernando Villagrán experimenta “Una sensación de pavor, de hasta dónde podía llegar el límite de tratar brutalmente a seres absolutamente indefensos, absolutamente entregados que no tenían nada que decir”. Ahí hay gritos, muchos gritos, pero nadie los escucha, más que los que emiten y los que causan esos gritos, que es lo mismo que nadie.

Jorge Silva es oficial de la Fuerza Área. Carlos Vargas es prisionero. Ambos ingresan al estadio, uno poderoso y el otro desprotegido. Los dos se encuentran con sangre y cuerpos de gente sin vida, incluso apilados, llegando al metro y medio de altura. Jorge Silva se da cuente de que ese lugar es un campo de exterminio, tras ver la muerte que había ahí, y tras sacar entre sus brazos a dos cadáveres, de los cuales no tiene la más mínima idea de por qué han sido asesinados.

El Estadio Nacional se ha convertido un agujero de violencia y encierro. Mientras tanto, Pinochet reflexiona sobre si la selección chilena debe o no disputar el par de partidos clasificatorios para Alemania 1974, ante la Unión Soviética, pues las relaciones se habían roto con aquel país. Finalmente, decide que los encuentros se lleven a cabo, pues son una buena imagen para su dictadura, o gobierno, como él prefiere llamar.

El 26 de septiembre de 1973 Chile disputa en territorio soviético el primer partido, que finaliza con un empate sin goles. La vuelta se programa para jugarse el 21 de noviembre en el Estadio Nacional, el lugar donde se encuentra Jorge Montealegre, quien tras escuchar el timbre de su casa fue aprisionado y llevado ahí.

Jorge es un estudiante, que no puede distinguir si los cuerpos que cubiertos que ve,  son de gente herida, muerta o que simplemente está durmiendo, y se aterra de no saber si él será el siguiente. Jorge también tiene miedo de ser voceado para ir al velódromo, pues él y todos los encerrados saben cómo regresa uno después de ir ahí.

“Aquí se golpeó, se torturó, se violó y se mató”. Vladimiro Mimica también es habitante del Estadio Nacional y es víctima de los repetidos simulacros de fusilamiento. Día a día amanece sin saber si ya le toca o no. El 24 de octubre, despierta con la misma incertidumbre de cada siempre, pero hay una diferencia, pues se realiza una visita de inspectores de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), pues habían recibido una petición por parte de la Unión Soviética, de no jugar el partido de vuelta en el Estadio Nacional, dados los crímenes que se cometían ahí.

Humberto Figueroa es prisionero, y durante la inspección de la FIFA, está encerrado junto con 70 u 80 más, en espacios para 15 personas. Algunos de los prisioneros pueden ver a los inspectores pero saben que de hacer un ruido serán asesinados. La visita es rápida y ridícula, dada la seriedad del motivo de la misma. Sin embargo, se decide que no hay ninguna irregularidad en el estadio, por lo que el partido debe jugarse como estaba programado. “Parte de un gran show del gobierno militar en Chile y el show de la FIFA”. Vladimiro está seguro de que en aquella visita no hubo más que ojos cerrados.

Tras la “inspección”, la FIFA informa a la Unión Soviética que deberán disputar el partido en el Estadio Nacional, de lo contrario, su selección perdería automáticamente la clasificación.

“Les comento muchachos, que Rusia no viene y nos clasificamos para el mundial”. Carlos Caszely, así como el grupo de seleccionados se llena de júbilo. Francisco Fluxa, presidente de la Federación Chilena de Fútbol, concluye su mensaje, “pero igual van a tener que jugar mañana, entrar a la cancha y hacer el gol”. Carlos y sus compañeros se miran con gran desconcierto, pensando en lo ridículo de la situación.

Leonardo Veliz y Carlos Caszely, junto con nueve jugadores más, saltan a la cancha. Uniformados se alinean al centro de la cancha, como si todo fuera real. Leonardo mira al estadio como nunca, con detenimiento, pensando en todo lo que había pasado con los presos en ese lugar. Así pues, el árbitro da el pitazo inicial, y los jugadores chilenos tocan el balón, corriendo en dirección a la portería, ingresan al área y anotan. “Hacer un gol sin tener rival en frente. Yo creo que ha sido el único partido en la historia de fútbol mundial que se ha hecho algo semejante”. Leonardo no puede creer lo que acaba de pasar, y se siente “como un arlequín”, como algo que ha sido utilizado por la dictadura, pero se detiene pensando en que el fútbol es su profesión.

A unos días de viajar a Alemania, la selección chilena visita a Augusto Pinochet, el dictador saluda uno a uno a los jugadores, pero Carlos Caszely decide no hacerlo. “Mi madre había sido secuestrada por la dictadura…es tan complicado decirlo con palabras cuando una madre se abre la blusa y te muestra que fue torturada con cigarro y con mil cosas más que nunca, nunca lo contó todo”. Para Carlos es imposible, en el estricto significado de la palabra, saludar al hombre que había atentado contra su madre y contra miles de personas en su país.

La selección de Chile es eliminada en la primera ronda del mundial, significando un gran fracaso para el fútbol del país. “Defender la camiseta de Chile significaba alegría por un lado,  y dolor y sufrimiento por otro”. Leonardo asegura que esa camiseta representa a un gobierno que derrama y derrama sangre.

La selección vecina de la roja de chile, es la albiceleste de Argentina, que también asiste a la copa del mundo de Alemania 1974, donde tiene una actuación discreta, obteniendo el octavo lugar, de 16 equipos participantes.

Es 7 julio y el mundial termina, dejando como campeona a la selección de Alemania Federal. Sin embargo, el fútbol argentino tiene el consuelo de saber que será la sede para el campeonato de 1978. Por otro lado, el Estado se encuentra de luto, tras la muerte, seis días atrás, del presidente Juan Domínguez Perón, quien llevaba  9 meses en el cargo, luego de  la dictadura militar por la que el país había atravesado entre 1966 y 1973.

María Estela Martínez, viuda de Perón, es la encargada de asumir la presidencia para concluir el período hasta 1977. Por lo tanto, una parte importante de la organización para la copa mundial de 1978, sería responsabilidad de su administración.

“Señora, las fuerzas armadas han decidido tomar el control político del país y usted queda arrestada”.  Sin más, la junta militar tomó el control del gobierno, derrocando a María Estela Martínez.

Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales”. La junta militar realiza 31 comunicados, estableciendo la manera en la que el gobierno operará, incluso informando la pena de muerte.

“El que alterare en cualquier forma contra los medios de transporte, de comunicación, usinas, instalaciones de gas o agua corriente u otros servicios públicos, será reprimido con reclusión por tiempo determinado o muerte.”
Jorge Rafael Videla asume el cargo de presidente del país y entre muchas otras situaciones, continúa con los preparativos para la celebración del mundial de fútbol, creando el Ente Autárquico Mundial 78, una estructura militar para encargarse del evento.  Tras un par de años, entre muertos, 700 millones de dólares,  globos y papelitos de color, llega el 1 de junio de 1978, día de la inauguración del mundial.
“Bajo el signo de la paz, declaro oficialmente inaugurada este onceavo campeonato mundial de fútbol, 78”. Rafael Videla declara el inicio del evento en el estadio Antonio Vespucio Liberti, mejor conocido como el Monumental, cuya principal vía de acceso es la Avenida Leopoldo Lugones, la misma que si es caminada por no más de diez minutos al oeste, es decir cerca de mil metros, llega a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), lugar que se utiliza como campo de concentración para los presos políticos del régimen.
Ahí en la ESMA, habita Raúl Cubas, quien es forzado a trabajar monitoreando a los medios internacionales y lo que dicen sobre Argentina, su gobierno y el mundial. En los días previos al inicio del torneo, es enviado por parte de la junta militar, a una conferencia de prensa de César Luis Menotti, entrenador de la selección argentina. “Esto es una locura. Estoy aquí, pero en realidad no pertenezco a este mundo”.




El 2 de junio se da el debut del equipo argentino, logrando la victoria ante la selección de Hungría, por 2 a 1. Para el 6 de junio, Argentina consigue una nueva victoria, ahora enfrentando a los franceses. Graciela Daleo, Carlos García y Adolfo Pérez viven en cautiverio en la ESMA, pero desde ahí escuchan los goles de la selección. Carlos es un apasionado por el fútbol y aun en esa situación apoya al equipo, sin embargo, regresa a la realidad cuando escucha que a uno metros de él, se encuentran torturando.  Finalmente, el último partido de la primera fase, el local es vencido por Italia.
“Les rogamos a ustedes, son nuestra última esperanza”. Es un suplicio que no es ni al cielo ni a dios, es a los periodistas internacionales que llegan a la Plaza de Mayo, donde cientos de madres lloran y denuncian las desapariciones de sus hijos. Uno de ellos es Laura, quien se encontraba embarazada cuando, junto con su esposo, fue desaparecida.
Estela Carlotto, madre de Laura, y presidenta de Abuelas de la Plaza de Mayo, sabe que su nieto debe nacer este junio. Días después dar a luz, Laura es asesinada por el régimen. Desde ese momento Estela inicia la búsqueda, y pasa las noches esperando que alguien toqué a su puerta y le entregue a su nieto, mientras gran parte del país se encuentra celebrando los triunfos de la selección.
El siguiente compromiso de Argentina es frente a Polonia.  Los asesinos del régimen siguen dejando sin vida a cientos durante el mundial; en las canchas, los goles del “matador”, Mario Alberto Kempes, llenan de ilusión al país, que vence 2 0 a la selección europea. El siguiente partido se disputa ante Brasil, obteniendo un empate sin goles.
Para el último partido de la segunda ronda, frente a Perú, Argentina debe ganar por más de tres goles de diferencia, para poder desplazar a Brasil del primer lugar, y así obtener el pase a la final. Para ello, Rafael Videla baja a los vestidores para saludar a la selección, situación que no se había dado nunca antes. Incluso Henry Kissinger, Secretario de Estado de EUA, pasa junto con el presidente argentino, a su encuentro con los jugadores.
Seis goles después, el encuentro termina con la victoria de Argentina, que avanza a la final a disputar frente a Holanda. El 6 0, levanta dudas a nivel internacional, sin embargo, ningún amaño en comprobado.
“Mientras se gritan los goles… se apagan lo sgrtios de los torturados y de los asesinados”. Es 25 de junio y el partido por el campeonato inicia tal como la inauguración. Entre muertes y papeles de colores. Para el minuto 37, Kempes toma el balón en los linderos del área y hace el 1 0 más tarde cae el segundo y el tercero, dando la victoria al país argentino.  Miles de familias celebran y gritan de alegría, entre ellas la de Estela quien más bien llora junto con su esposo.


“Argentina campeón mundial… todos los hermanos de América y del mundo… gracias”. Una voz agitada y excitada narra la victoria. Mientras tanto, algunos presos del ESMA tienen el permiso de salir para ser parte de la celebración. Graciela va a bordo de un automóvil, viendo la fiesta nacional. Entonces “el momento de la terrible soledad… si yo me pongo a gritar acá que soy una desaparecida”. Ella sabe que nadie la escuchará.
Para 2014 Estela Carlotto lleva ya 36 años años buscando a su nieto, para este momento, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación Argentina tiene registrados 13,000 casos de personas desparecidas durante la dictadura. Por su parte, entidades como el servicio de Paz y Justicia, maneja cifras de alrededor de 30,000 personas que desaparecieron.
En la cancha, de la mano de Messi, Argentina busca conseguir su tercer título mundial, tras el logrado durante la dictadura en 1978 y el conseguido en México 1986. El juego de la selección no convence, sin embargo, logran meterse hasta la final tras eliminar a Holanda. Desde 1990, el equipo argentino no disputa una final, la cual perdió frente a Alemania, la selección que enfrentará para definir al campeón de Brasil 2014.
El partido inicia, teniendo a los germanos como favoritos, pero en la cancha Argentina inicia mejor parado y teniendo mayores acercamientos a la portería rival. Para el minuto 30, el país sudamericano estalla, las banderas se levantan e Higuaín corre eufórico, celebrando tras haber marcado el 1 0. El delantero argentino detiene la carrera y voltea hacia el árbitro asistente, quien también ha levantado su bandera. Fuera de lugar. La acción no cuenta. No hay gol.
Higuaín no puede creerlo, el alivio era mayúsculo, pues resarcía lo sucedido en el minuto 21: “Gol de Higuaín. ¡¡¡¡Ahí está!!! ¡No se puede creer! ¡No se puede creer lo que se perdió Higuaín! ¡Ése no es Higuaín!” Mariano Closs, narrador argentino, desconoce al delantero, tras la falla que acaba de tener. El balón da dio dos votes tras ser cabeceado por  el alemán Tony Kross, quien habilita y deja solo al “pipa”. La bola queda plena para Higuaín, y antes de dar el tercer vote es impactada por el goleador argentino. El tiro es errado, y nada más que un balón chorreado, lento  y moribundo se escurre a metros de la portería alemana. Tras la falla y el gol anulado, Argentina no volverá a tener otro oportunidad tan clara de marcar, y terminará cayendo por 1 0 ante Alemania.


A menos de un mes del término de Brasil 2014, Estela Carlotto, muestra un cabello totalmente blanco, una piel irregular y una sonrisa incomparable. Pasaron 36 años para que encontrara a su nieto, Guido, aquel que nació durante el cautiverio de  Laura, su madre. Guido Carlotto, al dudar sobre su identidad, se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo y se hizo pruebas genéticas, convirtiéndose junto con 111, en uno de los nietos recuperados luego de su desaparición durante la dictadura.

Tras cuarenta años del golpe de estado en Chile, gracias a la Comisión Valech I y II, se sabe  que fueron alrededor de 40,000 los muertos y desaparecidos durante la dictadura. Cuarenta años después, el 15 de noviembre de 2013, en el Estadio Nacional se encontraban 45,000 personas, celebrando y gritando los goles de Alexis Sánchez y Gary Medel, que clasificaban a la selección al mundial de Brasil. La euforia resonaba en las mismas paredes que silenciaron y encerraron a miles.

Luego de 35 años de haber sido cede de la final del mundial Argentina 1978, el Estadio Monumental fue testigo de la clasificación de la selección al Brasil 2014. La ESMA, de nueva cuenta recibió los ecos de lo que sucedía en la cancha. Messi, Higuaín y Di María fueron algunas de las estrellas que provocaron el grito de los cerca de 75,000 aficionados que caben en el estadio.

A menos de un mes del término de Brasil 2014, Estela Carlotto, muestra un cabello totalmente blanco, una piel irregular y una sonrisa incomparable. Pasaron 36 años para que encontrara a su nieto, Guido, aquel que nació durante el cautiverio de  Laura, su madre. Guido Carlotto, al dudar sobre su identidad, se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo y se hizo pruebas genéticas, convirtiéndose junto con 111, en uno de los nietos recuperados luego de su desaparición durante la dictadura.

Tantos años después, tanto en Chile como en Argentina, la sangre de los pasillos ha sido lavada, pero las voces de Carlos, Leonardo, Humberto, Vladimiro , Jorge, Estela, Raúl, Adolfo  y miles y miles más que sobrevivieron o perdieron a alguien, aún se quiebran cuando recuerdan. La sangre ha sido lavada, pero a los asesinos, a todos ellos: La conciencia, ¿quién se las limpia?





Perfiles

Momentos I y II
El gol 16 de Klose y el mineirazo.
Las dos Alemanias, las mil favelas y los malqueridos.

Foto: ESPN
“La ganadora de cinco copas del mundo buscará en siete años la revancha para olvidar el ‘maracanazo’, en 1950”. Es 30 de octubre del 2007 y el diario español El País informa sobre la elección de Brasil como el anfitrión para el mundial del 2014. Y es que el fútbol brasileño sigue traumado, pues proclamarse campeón del mundo cinco veces no ha sido suficiente para borrar lo ocurrido hace más de medio siglo.

La gran mayoría de los aficionados que esperan este mundial, ni siquiera habían nacido cuando Uruguay arrebató el campeonato a Brasil en el maracaná, en 1950. Sin embargo, el dolor sigue presente, y la única forma de aliviarlo es clara: Levantar el trofeo en casa.

Es junio del 2014 y el plazo se cumple.  Brasil está a sólo un paso de llegar al Maracaná y jugar la final. El partido contra Alemania  inicia pero el local parece no darse cuenta de ello hasta el minuto 30 de juego, cuando se encuentra perdiendo 5-0. ¿Cinco? Sí ya van cinco y al partido le resta una hora. La gente llora en la tribuna, tal como había pasado el 16 de julio de 1950.

Regresamos 64 años, y más de 170 mil personas inundan las gradas del Maracaná. Todas ellas están llenas de confianza, la fiesta es absoluta. Un simple empate ante Uruguay basta para que Brasil, por primera vez en su historia,  se corone campeón del mundo y ante su afición.

“Cumplí con mi palabra construyendo este estadio. Cumplan ahora su deber y ganen la copa del mundo”. El alcalde de Rio de Janeiro, Angelo Mendes de Morales, alienta o amenaza a los 11 jugadores brasileños que harán historia. Pero ellos no pudieron, no “cumplieron” su deber y fueron derrotados 2-1 por Uruguay. Ha nacido el maracanzo y con ellos un desdén a los miembros de ese equipo que arrastrará la derrota por el resto de su vida.

Roberto Muylaert, escritor brasileño relata una plática que en una ocasión tuvo con Moacyr Barbosa, portero de la selección verdeameralea en el maracanazo. Una mujer ve al guardameta, voltea a su hijo y le dice “Ese hombre fue la desgracia de Brasil”, Barbosa la escucha, se acerca y responde “Usted no había nacido, su hijo tampoco. ¿Por qué me trata así?”

El grupo completo de jugadores son: Barbosa, Augusto, Juvenal, Bigode, Bauer, Danilo, Zizinho, Jair, Friaca, Ademir y Chico. Ellos son los nombres, los hombres que, el ya mencionado 16 de julio de 1950 dejan ir la copa del mundo, convirtiéndose  en los malqueridos de la afición brasileña.

A unos kilómetros del Maracaná los otros malqueridos de la sociedad brasileña. Ellos no tienen nombre. El lugar donde viven es su identificación, simplemente son “los de las favelas”.  Hay poco más de 50 millones de habitante en Brasil, en 1950, y es este es  el año en el que el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE),  censa por primera vez el número de personas que viven en las favelas de Río de Janeiro. Casas amontonadas, con gente amontonada. Sin agua, sin luz, sin seguridad. Con pobreza, con hambre, con desprecio. Son casi 170 mil seres humanos que viven en esas condiciones, más o menos la misma cantidad que la de los asistentes al maracanazo.


La década de los cincuentas sigue su curso en el país. El periodista Joao Máximo asegura que “Se veía a la selección de Brasil como una representación del país”. La trágica derrota ante Uruguay en las canchas, fue acompañada de una derrota de los marginados en la sociedad, ¿o no es al revés? Como sea, el crecimiento como país, que, en parte, el mundial prometía, no se está dando. El país se está industrializando, eso no se traduce automáticamente en bienestar social. La pobreza va en crecimiento, y no sólo eso, un nuevo fenómeno crece y crece con fuerza en las calles: la violencia.

Brasil tiene dos misiones. Una en el plano futbolístico, que es esperar nadie sabe cuántos años a que una nueva copa del mundo llegue a su país y ahora sí salir victoriosos. La otra, detener el crecimiento de las favelas pues es un reflejos de los abandonados, los hambrientos, del fracaso de una sociedad que margina y empobrece.

Los años pasan y, entre otros, llega Pelé, quien le da tres títulos mundiales a Brasil. Sin embargo, el maracanazo sigue lastimando al país, pero hay esperanza. Pero a los que duermen en casas encimadas, entre balas perdidas y pocas oportunidades, a ellos nadie les da ni un poco de esperanza.

Más tarde, en 1994 la selección lidereada por Romario también se consagra como campeona del mundo, al igual que la de 2002 de Ronaldo, el astro brasileño que, en el mundial de Alemania 2006, se convertiría en el nuevo máximo goleador en la historia de las copas del mundo, con 15 anotaciones.

En 2014, Neymar parece ser el nuevo encargado de llevar a Brasil al campeonato, tal como Pelé, Romario y Ronaldo lo hicieron. Pero su destino es muy distinto, pues una lesión en la espalda, en el partido de cuartos de final ante Colombia, lo deja fuera del resto mundial. Por otro lado, tal como el brasileño Ronaldo impuso una nueva marca en Alemania, es turno de que el germano Miroslav Klose haga lo propio en territorio carioca.

El segundo de los siete goles con los que Alemania arrolla a Brasil, es el gol histórico para  Klose, quien con 16 anotaciones supera a Ronaldo. Por si en algún universo, la humillante goleada fuera poco, Alemania no sólo se queda con la dignidad del fútbol brasileño, sino también con el nuevo máximo anotador en copas del mundo.

Muller, Khedira y Kroos, en dos ocasiones, completan la los cinco goles que Brasil se come antes de descanso. Para el segundo tiempo, elevando la cifra a siete, aparece Andre Schurrle, uno de los también siete jugadores que nacieron en una Alemania unificada. El resto de la plantilla nació, de hecho, en dos naciones distintas: Alemania Democrática y Alemania Federal.

La primera participación alemana en una copa del mundo fue en Italia 1934, repitiendo en Francia 1938. Un año después, el país germano fue el encargado de iniciar oficialmente la Segunda Guerra Mundial, invadiendo a Polonia.

Es 1949, y tras la desgracia y miseria que dejó la Guerra, se gesta un nuevo conflicto, la Guerra Fría. Del mismo modo el país germano se divide. Por un lado, con el apoyo, impulso e injerencia directa de los aliados (Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia), está Alemania federal u occidental. Por el otro, teniendo detrás a la Unión Soviética, aparece Alemania Democrática u oriental. Capitalismo vs Socialismo.


Cinco años más tarde, Alemania Federal consigue su primer título, en el mundial de Suiza 1954, venciendo sorpresivamente 3-2 a la selección de Hungría. Por su parte, el representativo de Alemania Democrática ni siquiera participa en las eliminatorias previas a la copa del mundo. Es hasta Suecia 1958 que juega por primera vez una clasificación, sin embargo, no consigue llegar a la meta.

Durante esos años y hasta 1960, se registra una migración de alrededor de 3 millones de personas de Alemania Democrática a Alemania Federal,  por lo que Walter Ulbrincht, Presidente del Consejo de Estado, de Alemania Democrática, ordena en 1961 el levantamiento de una cerca que divida Berlín oriental, de Berlín occidental. A partir de este momento es prácticamente imposible cruzar del Berlín oriental al occidental.

Son 156 km del muro que divide la ciudad, a la población y a la paz. La valla se levanta en un parpadeo y muchas personas no tienen oportunidad de encontrarse con los suyos. Literalmente, muchas familias se ven partidas a la mitad, sin darles chance  alguna de hacer algo al respecto, al menos por la vía legal. El régimen Democrático es claro, así como las órdenes. Es trabajo de 30 mil guardias fronterizos detener a cualquier precio a quien quiera cruzar, en otras palabras, asesinar a cualquier humano que quiera salir de Berlín oriental.

Uno de los 30 mil guardias es Wolgang Engels, quien roba un vehículo blindado para intentar escapar. Es descubierto y sabe que ahora no hay marcha atrás, por lo que acelera a fondo para derribar el muro y llegar a Berlín occidental, pero se queda a un paso, pues a pesar de derribar el muro, el vehículo, con él dentro, sigue en territorio Democrático. Los soldados empiezan a dispararle, “¿Porque qué más se puede hacer?”. Del otro lado del muro, personas ayudan a Engeles a cruzar, quien deja su sangre en el alambre de puas que corona el muro. Finalmente lo logra, herido y con cargos en su contra, Engels escapa. Deja atrás a su familia, a su madre, quien por cierto, lo señala como traidor al enterarse del hecho.

Han pasado tan sólo 18 años desde que nació, pero para ella todo se ha terminado. Es una joven, una niña que es asesinada a balazos en agosto de 1962, al intentar cruzar el muro. Este es uno de los primeros casos de muerte, mediáticos del régimen. Pero lejos de que signifique un cambio, las trampas para cruzar se aumentan, así como la vigilancia.

A la espalda de todos, el Ministerio para la Seguridad del Estado, la Stasi, se encarga de “velar” por la seguridad de Alemania Democrática, persiguiendo y arrestando a todo aquel que si quiera tuviera manifestaciones de un pensamiento distinto al impuesto por el régimen. Sin embargo, la gente sigue intentando cruzar el muro para reunirse con sus familias o simplemente para escapar hacia lo que ellos llamaban la libertad.

Han pasado 13 años desde el levantamiento del muro. Por su parte, tras cuatro intentos fallidos, la selección de la Alemania Democrática se clasifica por primera vez a una copa del mundo:  Alemania Federal 1974. El 22 de junio de ese año ambas Alemanias se enfrentaron en partido correspondiente al grupo A, resultando ganadora la selección oriental, por 1-0. Un enfrentamiento entre un país, que se convirtió en dos. Un conflicto que ha enterrado a cientos de personas en su intento por cruzar el muro, del que ninguna culpa tienen. Miles son perseguidos por el simple hecho de pensar o desear ver a sus familias que se encuentran del otro lado de una barrera que nadie pidió.

Alemania Federal levanta el trofeo en casa, al reponerse de su derrota ante Alemania Oriental, consiguiendo así su segundo título mundial, para 16 años después, conseguir el tercero en Italia 1990. En vísperas de ese mundial,  el 9 de noviembre de 1989, el Estado de Alemania Democrática da un anuncio: Los residentes del país, ahora son libres de salir de él. Inmediatamente la frontera con Alemania Federal se abarrota. La gente está llena de alegría, la celebración es mayúscula. Esa misma noche el muro de Berlín cae, el mismo que vio a más de 1,200 personas morir al intentar cruzarlo, el que separó durante 28 años a padres, hijos, madres, esposos y hermanos.  El que separó a todos.

Casi un año más tarde, el 30 de octubre de 1990 oficialmente la Alemania Democrática se disuelve, dando así, paso a la reunificación. Una semana después, el 6 de noviembre, nace André Schurrle, quien casi 24 años más tarde sería parte del equipo que haría tetracampeón del mundo a Alemania.

Andre Schurrle hace un golazo, para poner el momentáneo 7-0 alemán, ante Brasil. Julio César, el arquero brasileño se tira rendido al suelo, no puede más, nadie en todo el país sudamericano puede más. Un nuevo trauma ha nacido para el futbol brasileño. Perder 2-1 en casa, como sucedió ante Uruguay en 1950, ahora parece un halago. El país falló.

Del maracanazo al mineirazo la población de Brasil creció casi cuatro veces, llegando a poco más de 190 millones de habitantes. La población de las alrededor de mil cien favelas,  también aumentó. Según el censo de 2010, son 11.4 millones las personas que viven en ellas. Es decir, más de 50 veces el número registrado en el censo de 1950. Durante esos 64 años las calles se fueron llenando de niños, de delincuencia, de pobreza, de hambre y violencia. También durante ese tiempo los niños han sido sacados de las calles en bolsas negras, como sucedió en la masacre de la Candelaria en Rio de Janeiro, en 1991, donde 8 murieron asesinados por policías. Pero eso es sólo un ejemplo, pues según el IBGE, en 1990 murieron 445 niños y adolescentes a manos de fuerzas de inteligencia policial, así como de narcotraficantes.

Es posible que los malqueridos del maracanazo hayan sido sustituidos por los del mineirazo o al menos acompañados. Desde la derrota ante Uruguay, el sueño era uno, jugar una nueva copa del mundo en casa y ganarla. La realidad es adversa, el dolor más grande y el fracaso absoluto. Los otros malqueridos, los de la sociedad y del gobierno, no tienen sustitutos. Ellos siguen en los cerros, abandonados, sin oportunidades y creciendo en número. El censo a las favelas de 1950 buscaba sentar cifras para conocer un fenómeno y resolverlo. La realidad es adversa, la pobreza extrema, la violencia diaria, el dolor más grande y el fracaso absoluto.

De lo que dejaron los malqueridos del maracanazo y de las favelas de 1950, nada mejoró. Se soñó mucho pero se hizo poco. Nada se recuperó, sólo se perdió. Se perdió más, mucho más.






Perfiles

Los ocho momentos del mundial: el fútbol y su conciencia.

Foto: MrLestatz
André Schürle corre con balón controlado por la banda izquierda, cargando  con dos defensas argentinos en su espalda, así como  con la mirada de cientos de millones de personas alrededor del mundo. Metros más tarde, eleva el balón, que tendrá tres impactos más, antes de tocar de nuevo el suelo. El primero, el pecho de Gotze, quien, prácticamente solo, lo recibe. El segundo, el mismo Gotze, aventándose hacia enfrente, logrando contactar el esférico con la pierna izquierda. El tercero: la red. Finalmente el balón cae regresando al césped, en espera de ser recogido por alguno de los seleccionados argentinos que se han quedado fríos, heridos, detenidos; al tiempo que los jugadores de Alemania arrancan a toda velocidad llenos de alegría, en busca de un abrazo con Gotze. Alemania se corona como campeón del mundo venciendo 1-0 a Argentina.  Así, en unos segundos se ha decidido todo: los 14 mil millones de dólares invertidos en la organización del evento, las carreras de cada uno de los futbolistas, los cuatro años de preparación, las horas de entrenamiento, la alegría de un pueblo, la desgracia de otro. La historia, la mentira, la ilusión, lo sublime. Los reflectores, las miradas pérdidas y las agachadas. Se ha decido todo, para seguir  construyendo, destruyendo y jugando con la historia y con la mentira.
Tras un mes de acciones en Brasil, el 20vo. Campeonato mundial de futbol  concluyó viendo como campeón a Alemania. Son varios los momentos que s serán recordados durante muchos años: La humillación del anfitrión al perder 7-1 ante los germanos, la pronta despedida del campeón anterior España, así como de Italia e Inglaterra, la emoción y buen fútbol que ofrecieron los equipos chicos como Colombia, Chile, México y Costa Rica, los malos arbitrajes que se presentaron durante todo el torneo, entre muchas cosas más. También quedan las protestas de los ciudadanos brasileños y la explosión turística a la imagen de la pobreza en Brasil. Quedan los gritos de gol y los gritos de hambre.

Fue en 1930 que se jugó en Uruguay el primer mundial, dejando a lo largo de 84 años, cientos de momentos más que se recuerdan hasta hoy, pero también escondiendo miles de historias que se olvidan, se silencian, se ignoran y se lloran. El fútbol, para muchos el deporte más bello del mundo, es pasión pura, es vida. Sin embargo, no puede evitar infectarse del mundo, del poder, del abuso, de la muerte.  Durante casi un siglo de acción, los mundiales cargan en su conciencia guerras, tortura, desapariciones, pobreza, dolor, muerte, tristeza y sobre todo vergüenza. ¿Es el fútbol un disfraz de la realidad, un mal a la sociedad o sólo una víctima más de un sistema mundial secuestrado por los juegos de poder, de ellos, de los poderosos? ¿De qué lado está? ¿De los buenos o de los malos? ¿De la inocencia o de la maldad? ¿De ellos o de nosotros? ¿Quiénes son ellos y quiénes nosotros? ¿Nosotros, dónde estamos?