La tragedia de Hillsborough
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Perfiles
Momentos III y
IV
El poste de
Pinilla y la falla de Higuaín.
El Nacional,
el Monumental y las dictaduras.
“¡Uuuuh, puta!
¡Hijo de puta! ¡Concha de tu madre!”. Iván Zamorano, ex seleccionado chileno, grita
acelerado, sin importarle que millones lo escuchen por el televisor. ¿Y quién
no está gritando?, si Mauricio Pinilla, delantero de “la roja” acaba de estrellar
un balón en el palo, a sólo segundos de que el partido de octavos de final,
frente a Brasil termine. La portería se encuentra temblando, al igual que todos
los chilenos, al igual que todos los brasileños. De haber entrado ese balón,
Chile habría eliminado de manera heroica a Brasil, clasificándose a los cuartos
de final.
La realidad es
distinta, el hecho es que el tiro de Pinilla se quedó en el poste, y tras 120
minutos de partido, la eliminatoria se definirá en penales. La misma portería
que retumbó tras el tiro del delantero chileno, será de nuevo la protagonista.
Bajo de ella se para Claudio Bravo, arquero chileno, a once pasos está David
Luiz, quien se perfila, agacha la cabeza y arranca la carrera para contactar el
balón que termina en gol.
El círculo
central es compartido por jugadores de Brasil y Chile. Juntos pero no
revueltos, se abrazan, rezan y miran hacia el cielo. Algunos de ellos se
hincan, pegan su frente al pasto y parecen hablar con dios, tal vez negocien
algo con él, o quizá sólo le supliquen, pero algo se traen con dios. Por su
parte, la tanda sigue, el marcador se encuentra 3-2 a favor de Brasil. Es el
turno de Chile de cobrar, si es gol, hay muerte súbita, si no, todo se habrá
terminado para ellos. El encargado es Gonzalo Jara, quien más seguro no podría
lucir. Coloca el balón con serenidad, se perfila y tras dar un suspiro de
aparente tranquilidad, impacta el balón, que tal como el de Pinilla, golpea el
poste.
En el círculo
central, jugadores de ambos equipos se desploman y lloran. Brasileños de
alegría y chilenos de tristeza, de dolor absoluto. Por su parte, Jara ve hacia
todos lados como esperando una respuesta de cómo fue que falló el penal. Su
rostro parece el de un niño asustado, desprotegido y desconsolado.
Chile una vez
más se ha quedado en la orilla perdiendo frente a Brasil, como pasó en
Sudáfrica 2010, Francia 1998 y en el mundial organizado en su país en 1962,
donde obtuvo el tercer lugar.
Es agosto de 1973 y a once años del tercer lugar obtenido
en casa, los resultados no han sido buenos para Chile, sin embargo la
generación de futbolistas es considerada la mejor de la historia del país. Tras
un empate global ante Perú en las eliminatorias para la copa mundial de
Alemania 1974, todo se define en un tercer partido en Uruguay, en el que Chile
derrota 2-1 a la selección peruana. Sólo resta disputar una serie a visita
recíproca ante la Unión Soviética para conseguir el boleto a la copa del mundo.
A quince días
de disputar el partido en la Unión Soviética, la selección chilena se prepara.
Ese mismo día, el 11 de septiembre, las fuerzas armadas de Chile también se
declaran listas y emprenden la misión. Un par de aviones sobrevuelan la sede
del gobierno, y la junta militar advierte sobre un bombardeo si el palacio no
es entregado. Al respecto, el presidente de la nación, Salvador Allende,
asegura que no abandonará el lugar y se quedará a defenderlo.
“¡Empezaron a
bombardear la moneda! Empezaron a bombardear el palacio de la moneda, cuando
son dos minutos para las doce”. Es la voz del periodista Ignacio González
Camus, quien trabajando para Radio Balmaceda, narra el momento en el que los
aviones que sobrevolaban el lugar, empiezan el ataque. Y así, con la sencillez
con la que se lanzan una serie de misiles, el golpe de estado se ha dado,
creando una cortina de humo alrededor del palacio, una de verdad, que bajo de
ella guarda escombros y destrucción.
Augusto
Pinochet, designado apenas un mes atrás, jefe del Ejército de Chile, es el
líder del golpe junto con la incursión del gobierno estadounidense. Asimismo es
el hombre que horas antes firmó una proclama en la que aseguraba que “Las
Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros de Chile, están unidos, para iniciar
la histórica y responsable misión de luchar por la liberación de la Patria del
marxista, y la restauración del orden y de la institucionalidad”.
De esa manera
se inició la “responsable misión”, que incluía una advertencia a los medios de
comunicación “adictos a la Unidad Popular”, que de no suspender sus actividades
serían castigados por tierra y aire, tal como La Moneda. Finalmente, el decreto
señalaba que “El pueblo de Santiago debe permanecer en sus casas, a fin de
evitar víctimas inocentes”.
“En la calle,
cuando iba a entrenar, yo vi varios muertos”. Leonardo Veliz es uno de los
jugadores más importantes de la selección que se encuentra preparándose para el
partido frente a la Unión Soviética. Rumbo al entrenamiento tiene en su mente
algo más que balones, tiene cadáveres.
Tras el golpe
de estado, la unidad militar se encarga de tomar como prisioneros políticos a
miles de personas, que son llevadas, encerradas, torturadas y asesinadas en el
Estadio Nacional. Fernando Villagrán experimenta “Una sensación de pavor, de
hasta dónde podía llegar el límite de tratar brutalmente a seres absolutamente
indefensos, absolutamente entregados que no tenían nada que decir”. Ahí hay
gritos, muchos gritos, pero nadie los escucha, más que los que emiten y los que
causan esos gritos, que es lo mismo que nadie.
Jorge Silva es
oficial de la Fuerza Área. Carlos Vargas es prisionero. Ambos ingresan al
estadio, uno poderoso y el otro desprotegido. Los dos se encuentran con sangre
y cuerpos de gente sin vida, incluso apilados, llegando al metro y medio de
altura. Jorge Silva se da cuente de que ese lugar es un campo de exterminio,
tras ver la muerte que había ahí, y tras sacar entre sus brazos a dos
cadáveres, de los cuales no tiene la más mínima idea de por qué han sido asesinados.
El Estadio
Nacional se ha convertido un agujero de violencia y encierro. Mientras tanto,
Pinochet reflexiona sobre si la selección chilena debe o no disputar el par de
partidos clasificatorios para Alemania 1974, ante la Unión Soviética, pues las
relaciones se habían roto con aquel país. Finalmente, decide que los encuentros
se lleven a cabo, pues son una buena imagen para su dictadura, o gobierno, como
él prefiere llamar.
El 26 de
septiembre de 1973 Chile disputa en territorio soviético el primer partido, que
finaliza con un empate sin goles. La vuelta se programa para jugarse el 21 de
noviembre en el Estadio Nacional, el lugar donde se encuentra Jorge
Montealegre, quien tras escuchar el timbre de su casa fue aprisionado y llevado
ahí.
Jorge es un
estudiante, que no puede distinguir si los cuerpos que cubiertos que ve, son de gente herida, muerta o que simplemente
está durmiendo, y se aterra de no saber si él será el siguiente. Jorge también
tiene miedo de ser voceado para ir al velódromo, pues él y todos los encerrados
saben cómo regresa uno después de ir ahí.
“Aquí se
golpeó, se torturó, se violó y se mató”. Vladimiro Mimica también es habitante
del Estadio Nacional y es víctima de los repetidos simulacros de fusilamiento.
Día a día amanece sin saber si ya le toca o no. El 24 de octubre, despierta con
la misma incertidumbre de cada siempre, pero hay una diferencia, pues se
realiza una visita de inspectores de la Federación Internacional de Fútbol
Asociación (FIFA), pues habían recibido una petición por parte de la Unión
Soviética, de no jugar el partido de vuelta en el Estadio Nacional, dados los
crímenes que se cometían ahí.
Humberto
Figueroa es prisionero, y durante la inspección de la FIFA, está encerrado
junto con 70 u 80 más, en espacios para 15 personas. Algunos de los prisioneros
pueden ver a los inspectores pero saben que de hacer un ruido serán asesinados.
La visita es rápida y ridícula, dada la seriedad del motivo de la misma. Sin
embargo, se decide que no hay ninguna irregularidad en el estadio, por lo que
el partido debe jugarse como estaba programado. “Parte de un gran show del
gobierno militar en Chile y el show de la FIFA”. Vladimiro está seguro de que
en aquella visita no hubo más que ojos cerrados.
Tras la
“inspección”, la FIFA informa a la Unión Soviética que deberán disputar el partido
en el Estadio Nacional, de lo contrario, su selección perdería automáticamente
la clasificación.
“Les comento
muchachos, que Rusia no viene y nos clasificamos para el mundial”. Carlos
Caszely, así como el grupo de seleccionados se llena de júbilo. Francisco
Fluxa, presidente de la Federación Chilena de Fútbol, concluye su mensaje,
“pero igual van a tener que jugar mañana, entrar a la cancha y hacer el gol”.
Carlos y sus compañeros se miran con gran desconcierto, pensando en lo ridículo
de la situación.
Leonardo Veliz
y Carlos Caszely, junto con nueve jugadores más, saltan a la cancha.
Uniformados se alinean al centro de la cancha, como si todo fuera real.
Leonardo mira al estadio como nunca, con detenimiento, pensando en todo lo que
había pasado con los presos en ese lugar. Así pues, el árbitro da el pitazo
inicial, y los jugadores chilenos tocan el balón, corriendo en dirección a la
portería, ingresan al área y anotan. “Hacer un gol sin tener rival en frente.
Yo creo que ha sido el único partido en la historia de fútbol mundial que se ha
hecho algo semejante”. Leonardo no puede creer lo que acaba de pasar, y se
siente “como un arlequín”, como algo que ha sido utilizado por la dictadura,
pero se detiene pensando en que el fútbol es su profesión.
A unos días de
viajar a Alemania, la selección chilena visita a Augusto Pinochet, el dictador
saluda uno a uno a los jugadores, pero Carlos Caszely decide no hacerlo. “Mi
madre había sido secuestrada por la dictadura…es tan complicado decirlo con
palabras cuando una madre se abre la blusa y te muestra que fue torturada con
cigarro y con mil cosas más que nunca, nunca lo contó todo”. Para Carlos es
imposible, en el estricto significado de la palabra, saludar al hombre que
había atentado contra su madre y contra miles de personas en su país.
La selección
de Chile es eliminada en la primera ronda del mundial, significando un gran
fracaso para el fútbol del país. “Defender la camiseta de Chile significaba
alegría por un lado, y dolor y
sufrimiento por otro”. Leonardo asegura que esa camiseta representa a un
gobierno que derrama y derrama sangre.
La selección
vecina de la roja de chile, es la albiceleste de Argentina, que también asiste
a la copa del mundo de Alemania 1974, donde tiene una actuación discreta, obteniendo
el octavo lugar, de 16 equipos participantes.
Es 7 julio y
el mundial termina, dejando como campeona a la selección de Alemania Federal.
Sin embargo, el fútbol argentino tiene el consuelo de saber que será la sede
para el campeonato de 1978. Por otro lado, el Estado se encuentra de luto, tras
la muerte, seis días atrás, del presidente Juan Domínguez Perón, quien
llevaba 9 meses en el cargo, luego de la dictadura militar por la que el país había
atravesado entre 1966 y 1973.
María Estela
Martínez, viuda de Perón, es la encargada de asumir la presidencia para
concluir el período hasta 1977. Por lo tanto, una parte importante de la
organización para la copa mundial de 1978, sería responsabilidad de su
administración.
“Señora, las
fuerzas armadas han decidido tomar el control político del país y usted queda
arrestada”. Sin más, la junta militar
tomó el control del gobierno, derrocando a María Estela Martínez.
“Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por
cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o
imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las
actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales”. La junta
militar realiza 31 comunicados, estableciendo la manera en la que el gobierno
operará, incluso informando la pena de muerte.
“El que alterare en
cualquier forma contra los medios de transporte, de comunicación, usinas,
instalaciones de gas o agua corriente u otros servicios públicos, será reprimido
con reclusión por tiempo determinado o muerte.”
Jorge Rafael Videla asume
el cargo de presidente del país y entre muchas otras situaciones, continúa con
los preparativos para la celebración del mundial de fútbol, creando el Ente
Autárquico Mundial 78, una estructura militar para encargarse del evento. Tras un par de años, entre muertos, 700
millones de dólares, globos y papelitos
de color, llega el 1 de junio de 1978, día de la inauguración del mundial.
“Bajo el signo de la paz,
declaro oficialmente inaugurada este onceavo campeonato mundial de fútbol, 78”.
Rafael Videla declara el inicio del evento en el estadio Antonio Vespucio
Liberti, mejor conocido como el Monumental, cuya principal vía de acceso es la
Avenida Leopoldo Lugones, la misma que si es caminada por no más de diez
minutos al oeste, es decir cerca de mil metros, llega a la Escuela de Mecánica
de la Armada (ESMA), lugar que se utiliza como campo de concentración para los
presos políticos del régimen.
Ahí en la ESMA, habita Raúl
Cubas, quien es forzado a trabajar monitoreando a los medios internacionales y
lo que dicen sobre Argentina, su gobierno y el mundial. En los días previos al
inicio del torneo, es enviado por parte de la junta militar, a una conferencia
de prensa de César Luis Menotti, entrenador de la selección argentina. “Esto es
una locura. Estoy aquí, pero en realidad no pertenezco a este mundo”.
El 2 de junio se da el
debut del equipo argentino, logrando la victoria ante la selección de Hungría,
por 2 a 1. Para el 6 de junio, Argentina consigue una nueva victoria, ahora
enfrentando a los franceses. Graciela Daleo, Carlos García y Adolfo Pérez viven
en cautiverio en la ESMA, pero desde ahí escuchan los goles de la selección.
Carlos es un apasionado por el fútbol y aun en esa situación apoya al equipo,
sin embargo, regresa a la realidad cuando escucha que a uno metros de él, se
encuentran torturando. Finalmente, el
último partido de la primera fase, el local es vencido por Italia.
“Les rogamos a ustedes, son
nuestra última esperanza”. Es un suplicio que no es ni al cielo ni a dios, es a
los periodistas internacionales que llegan a la Plaza de Mayo, donde cientos de
madres lloran y denuncian las desapariciones de sus hijos. Uno de ellos es
Laura, quien se encontraba embarazada cuando, junto con su esposo, fue
desaparecida.
Estela Carlotto, madre de
Laura, y presidenta de Abuelas de la Plaza de Mayo, sabe que su nieto debe
nacer este junio. Días después dar a luz, Laura es asesinada por el régimen.
Desde ese momento Estela inicia la búsqueda, y pasa las noches esperando que
alguien toqué a su puerta y le entregue a su nieto, mientras gran parte del
país se encuentra celebrando los triunfos de la selección.
El siguiente compromiso de
Argentina es frente a Polonia. Los
asesinos del régimen siguen dejando sin vida a cientos durante el mundial; en
las canchas, los goles del “matador”, Mario Alberto Kempes, llenan de ilusión
al país, que vence 2 0 a la selección europea. El siguiente partido se disputa
ante Brasil, obteniendo un empate sin goles.
Para el último partido de
la segunda ronda, frente a Perú, Argentina debe ganar por más de tres goles de
diferencia, para poder desplazar a Brasil del primer lugar, y así obtener el
pase a la final. Para ello, Rafael Videla baja a los vestidores para saludar a
la selección, situación que no se había dado nunca antes. Incluso Henry
Kissinger, Secretario de Estado de EUA, pasa junto con el presidente argentino,
a su encuentro con los jugadores.
Seis goles después, el
encuentro termina con la victoria de Argentina, que avanza a la final a
disputar frente a Holanda. El 6 0, levanta dudas a nivel internacional, sin
embargo, ningún amaño en comprobado.
“Mientras se gritan los
goles… se apagan lo sgrtios de los torturados y de los asesinados”. Es 25 de
junio y el partido por el campeonato inicia tal como la inauguración. Entre
muertes y papeles de colores. Para el minuto 37, Kempes toma el balón en los
linderos del área y hace el 1 0 más tarde cae el segundo y el tercero, dando la
victoria al país argentino. Miles de
familias celebran y gritan de alegría, entre ellas la de Estela quien más bien
llora junto con su esposo.
“Argentina campeón mundial… todos los hermanos de América y
del mundo… gracias”. Una voz agitada y excitada narra la victoria. Mientras tanto, algunos presos del ESMA tienen el
permiso de salir para ser parte de la celebración. Graciela va a bordo de un
automóvil, viendo la fiesta nacional. Entonces “el momento de la terrible
soledad… si yo me pongo a gritar acá que soy una desaparecida”. Ella sabe que
nadie la escuchará.
Para 2014 Estela Carlotto
lleva ya 36 años años buscando a su nieto, para este momento, la Secretaría de
Derechos Humanos de la Nación Argentina tiene registrados 13,000 casos de
personas desparecidas durante la dictadura. Por su parte, entidades como el
servicio de Paz y Justicia, maneja cifras de alrededor de 30,000 personas que
desaparecieron.
En la cancha, de la mano de
Messi, Argentina busca conseguir su tercer título mundial, tras el logrado
durante la dictadura en 1978 y el conseguido en México 1986. El juego de la
selección no convence, sin embargo, logran meterse hasta la final tras eliminar
a Holanda. Desde 1990, el equipo argentino no disputa una final, la cual perdió
frente a Alemania, la selección que enfrentará para definir al campeón de
Brasil 2014.
El partido inicia, teniendo
a los germanos como favoritos, pero en la cancha Argentina inicia mejor parado
y teniendo mayores acercamientos a la portería rival. Para el minuto 30, el
país sudamericano estalla, las banderas se levantan e Higuaín corre eufórico,
celebrando tras haber marcado el 1 0. El delantero argentino detiene la carrera
y voltea hacia el árbitro asistente, quien también ha levantado su bandera.
Fuera de lugar. La acción no cuenta. No hay gol.
Higuaín no puede creerlo,
el alivio era mayúsculo, pues resarcía lo sucedido en el minuto 21: “Gol de
Higuaín. ¡¡¡¡Ahí está!!! ¡No se puede creer! ¡No se puede creer lo que se
perdió Higuaín! ¡Ése no es Higuaín!” Mariano Closs, narrador argentino, desconoce
al delantero, tras la falla que acaba de tener. El balón da dio dos votes tras
ser cabeceado por el alemán Tony Kross,
quien habilita y deja solo al “pipa”. La bola queda plena para Higuaín, y antes
de dar el tercer vote es impactada por el goleador argentino. El tiro es
errado, y nada más que un balón chorreado, lento y moribundo se escurre a metros de la
portería alemana. Tras la falla y el gol anulado, Argentina no volverá a tener
otro oportunidad tan clara de marcar, y terminará cayendo por 1 0 ante
Alemania.
A menos de un
mes del término de Brasil 2014, Estela Carlotto, muestra un cabello totalmente
blanco, una piel irregular y una sonrisa incomparable. Pasaron 36 años para que
encontrara a su nieto, Guido, aquel que nació durante el cautiverio de Laura, su madre. Guido Carlotto, al dudar
sobre su identidad, se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo y se hizo pruebas
genéticas, convirtiéndose junto con 111, en uno de los nietos recuperados luego
de su desaparición durante la dictadura.
Tras cuarenta
años del golpe de estado en Chile, gracias a la Comisión Valech I y II, se sabe
que fueron alrededor de 40,000 los
muertos y desaparecidos durante la dictadura. Cuarenta años después, el 15 de
noviembre de 2013, en el Estadio Nacional se encontraban 45,000 personas,
celebrando y gritando los goles de Alexis Sánchez y Gary Medel, que clasificaban
a la selección al mundial de Brasil. La euforia resonaba en las mismas paredes
que silenciaron y encerraron a miles.
Luego de 35
años de haber sido cede de la final del mundial Argentina 1978, el Estadio
Monumental fue testigo de la clasificación de la selección al Brasil 2014. La
ESMA, de nueva cuenta recibió los ecos de lo que sucedía en la cancha. Messi,
Higuaín y Di María fueron algunas de las estrellas que provocaron el grito de
los cerca de 75,000 aficionados que caben en el estadio.
A menos de un
mes del término de Brasil 2014, Estela Carlotto, muestra un cabello totalmente
blanco, una piel irregular y una sonrisa incomparable. Pasaron 36 años para que
encontrara a su nieto, Guido, aquel que nació durante el cautiverio de Laura, su madre. Guido Carlotto, al dudar
sobre su identidad, se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo y se hizo pruebas
genéticas, convirtiéndose junto con 111, en uno de los nietos recuperados luego
de su desaparición durante la dictadura.
Tantos años después,
tanto en Chile como en Argentina, la sangre de los pasillos ha sido lavada,
pero las voces de Carlos, Leonardo, Humberto, Vladimiro , Jorge, Estela, Raúl,
Adolfo y miles y miles más que sobrevivieron
o perdieron a alguien, aún se quiebran cuando recuerdan. La sangre ha sido
lavada, pero a los asesinos, a todos ellos: La conciencia, ¿quién se las
limpia?
Perfiles
“La ganadora
de cinco copas del mundo buscará en siete años la revancha para olvidar el
‘maracanazo’, en 1950”. Es 30 de octubre del 2007 y el diario español El País informa sobre la elección de
Brasil como el anfitrión para el mundial del 2014. Y es que el fútbol brasileño
sigue traumado, pues proclamarse campeón del mundo cinco veces no ha sido
suficiente para borrar lo ocurrido hace más de medio siglo.
Momentos I y II
El gol 16 de Klose y el mineirazo.
Las dos
Alemanias, las mil favelas y los malqueridos.
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| Foto: ESPN |
La gran
mayoría de los aficionados que esperan este mundial, ni siquiera habían nacido
cuando Uruguay arrebató el campeonato a Brasil en el maracaná, en 1950. Sin
embargo, el dolor sigue presente, y la única forma de aliviarlo es clara:
Levantar el trofeo en casa.
Es junio del
2014 y el plazo se cumple. Brasil está a
sólo un paso de llegar al Maracaná y jugar la final. El partido contra
Alemania inicia pero el local parece no
darse cuenta de ello hasta el minuto 30 de juego, cuando se encuentra perdiendo
5-0. ¿Cinco? Sí ya van cinco y al partido le resta una hora. La gente llora en
la tribuna, tal como había pasado el 16 de julio de 1950.
Regresamos 64
años, y más de 170 mil personas inundan las gradas del Maracaná. Todas ellas
están llenas de confianza, la fiesta es absoluta. Un simple empate ante Uruguay
basta para que Brasil, por primera vez en su historia, se corone campeón del mundo y ante su
afición.
“Cumplí con mi
palabra construyendo este estadio. Cumplan ahora su deber y ganen la copa del
mundo”. El alcalde de Rio de Janeiro, Angelo Mendes de Morales, alienta o
amenaza a los 11 jugadores brasileños que harán historia. Pero ellos no
pudieron, no “cumplieron” su deber y fueron derrotados 2-1 por Uruguay. Ha
nacido el maracanzo y con ellos un desdén a los miembros de ese equipo que
arrastrará la derrota por el resto de su vida.
Roberto
Muylaert, escritor brasileño relata una plática que en una ocasión tuvo con
Moacyr Barbosa, portero de la selección verdeameralea en el maracanazo. Una
mujer ve al guardameta, voltea a su hijo y le dice “Ese hombre fue la desgracia
de Brasil”, Barbosa la escucha, se acerca y responde “Usted no había nacido, su
hijo tampoco. ¿Por qué me trata así?”
El grupo
completo de jugadores son: Barbosa, Augusto, Juvenal, Bigode, Bauer, Danilo,
Zizinho, Jair, Friaca, Ademir y Chico. Ellos son los nombres, los hombres que,
el ya mencionado 16 de julio de 1950 dejan ir la copa del mundo, convirtiéndose en los malqueridos de la afición brasileña.
A unos
kilómetros del Maracaná los otros malqueridos de la sociedad brasileña. Ellos
no tienen nombre. El lugar donde viven es su identificación, simplemente son
“los de las favelas”. Hay poco más de 50
millones de habitante en Brasil, en 1950, y es este es el año en el que el Instituto Brasileño de
Geografía y Estadística (IBGE), censa
por primera vez el número de personas que viven en las favelas de Río de
Janeiro. Casas amontonadas, con gente amontonada. Sin agua, sin luz, sin
seguridad. Con pobreza, con hambre, con desprecio. Son casi 170 mil seres
humanos que viven en esas condiciones, más o menos la misma cantidad que la de
los asistentes al maracanazo.
La década de
los cincuentas sigue su curso en el país. El periodista Joao Máximo asegura que
“Se veía a la selección de Brasil como una representación del país”. La trágica
derrota ante Uruguay en las canchas, fue acompañada de una derrota de los
marginados en la sociedad, ¿o no es al revés? Como sea, el crecimiento como
país, que, en parte, el mundial prometía, no se está dando. El país se está
industrializando, eso no se traduce automáticamente en bienestar social. La
pobreza va en crecimiento, y no sólo eso, un nuevo fenómeno crece y crece con
fuerza en las calles: la violencia.
Brasil tiene
dos misiones. Una en el plano futbolístico, que es esperar nadie sabe cuántos
años a que una nueva copa del mundo llegue a su país y ahora sí salir
victoriosos. La otra, detener el crecimiento de las favelas pues es un reflejos
de los abandonados, los hambrientos, del fracaso de una sociedad que margina y
empobrece.
Los años pasan
y, entre otros, llega Pelé, quien le da tres títulos mundiales a Brasil. Sin
embargo, el maracanazo sigue lastimando al país, pero hay esperanza. Pero a los
que duermen en casas encimadas, entre balas perdidas y pocas oportunidades, a
ellos nadie les da ni un poco de esperanza.
Más tarde, en
1994 la selección lidereada por Romario también se consagra como campeona del
mundo, al igual que la de 2002 de Ronaldo, el astro brasileño que, en el
mundial de Alemania 2006, se convertiría en el nuevo máximo goleador en la
historia de las copas del mundo, con 15 anotaciones.
En 2014,
Neymar parece ser el nuevo encargado de llevar a Brasil al campeonato, tal como
Pelé, Romario y Ronaldo lo hicieron. Pero su destino es muy distinto, pues una
lesión en la espalda, en el partido de cuartos de final ante Colombia, lo deja
fuera del resto mundial. Por otro lado, tal como el brasileño Ronaldo impuso una
nueva marca en Alemania, es turno de que el germano Miroslav Klose haga lo
propio en territorio carioca.
El segundo de
los siete goles con los que Alemania arrolla a Brasil, es el gol histórico para
Klose, quien con 16 anotaciones supera a
Ronaldo. Por si en algún universo, la humillante goleada fuera poco, Alemania
no sólo se queda con la dignidad del fútbol brasileño, sino también con el
nuevo máximo anotador en copas del mundo.
Muller,
Khedira y Kroos, en dos ocasiones, completan la los cinco goles que Brasil se
come antes de descanso. Para el segundo tiempo, elevando la cifra a siete,
aparece Andre Schurrle, uno de los también siete jugadores que nacieron en una
Alemania unificada. El resto de la plantilla nació, de hecho, en dos naciones
distintas: Alemania Democrática y Alemania Federal.
La primera
participación alemana en una copa del mundo fue en Italia 1934, repitiendo en
Francia 1938. Un año después, el país germano fue el encargado de iniciar oficialmente
la Segunda Guerra Mundial, invadiendo a Polonia.
Es 1949, y
tras la desgracia y miseria que dejó la Guerra, se gesta un nuevo conflicto, la
Guerra Fría. Del mismo modo el país germano se divide. Por un lado, con el
apoyo, impulso e injerencia directa de los aliados (Estados Unidos, Gran
Bretaña y Francia), está Alemania federal u occidental. Por el otro, teniendo
detrás a la Unión Soviética, aparece Alemania Democrática u oriental.
Capitalismo vs Socialismo.
Cinco años más
tarde, Alemania Federal consigue su primer título, en el mundial de Suiza 1954,
venciendo sorpresivamente 3-2 a la selección de Hungría. Por su parte, el
representativo de Alemania Democrática ni siquiera participa en las
eliminatorias previas a la copa del mundo. Es hasta Suecia 1958 que juega por
primera vez una clasificación, sin embargo, no consigue llegar a la meta.
Durante esos
años y hasta 1960, se registra una migración de alrededor de 3 millones de
personas de Alemania Democrática a Alemania Federal, por lo que Walter Ulbrincht, Presidente del
Consejo de Estado, de Alemania Democrática, ordena en 1961 el levantamiento de
una cerca que divida Berlín oriental, de Berlín occidental. A partir de este
momento es prácticamente imposible cruzar del Berlín oriental al occidental.
Son 156 km del
muro que divide la ciudad, a la población y a la paz. La valla se levanta en un
parpadeo y muchas personas no tienen oportunidad de encontrarse con los suyos.
Literalmente, muchas familias se ven partidas a la mitad, sin darles chance alguna de hacer algo al respecto, al menos por
la vía legal. El régimen Democrático es claro, así como las órdenes. Es trabajo
de 30 mil guardias fronterizos detener a cualquier precio a quien quiera
cruzar, en otras palabras, asesinar a cualquier humano que quiera salir de
Berlín oriental.
Uno de los 30
mil guardias es Wolgang Engels, quien roba un vehículo blindado para intentar
escapar. Es descubierto y sabe que ahora no hay marcha atrás, por lo que
acelera a fondo para derribar el muro y llegar a Berlín occidental, pero se
queda a un paso, pues a pesar de derribar el muro, el vehículo, con él dentro,
sigue en territorio Democrático. Los soldados empiezan a dispararle, “¿Porque
qué más se puede hacer?”. Del otro lado del muro, personas ayudan a Engeles a
cruzar, quien deja su sangre en el alambre de puas que corona el muro.
Finalmente lo logra, herido y con cargos en su contra, Engels escapa. Deja
atrás a su familia, a su madre, quien por cierto, lo señala como traidor al
enterarse del hecho.
Han pasado tan
sólo 18 años desde que nació, pero para ella todo se ha terminado. Es una
joven, una niña que es asesinada a balazos en agosto de 1962, al intentar
cruzar el muro. Este es uno de los primeros casos de muerte, mediáticos del
régimen. Pero lejos de que signifique un cambio, las trampas para cruzar se
aumentan, así como la vigilancia.
A la espalda
de todos, el Ministerio para la Seguridad del Estado, la Stasi, se encarga de
“velar” por la seguridad de Alemania Democrática, persiguiendo y arrestando a
todo aquel que si quiera tuviera manifestaciones de un pensamiento distinto al
impuesto por el régimen. Sin embargo, la gente sigue intentando cruzar el muro
para reunirse con sus familias o simplemente para escapar hacia lo que ellos
llamaban la libertad.
Han pasado 13
años desde el levantamiento del muro. Por su parte, tras cuatro intentos
fallidos, la selección de la Alemania Democrática se clasifica por primera vez
a una copa del mundo: Alemania Federal
1974. El 22 de junio de ese año ambas Alemanias se enfrentaron en partido
correspondiente al grupo A, resultando ganadora la selección oriental, por 1-0.
Un enfrentamiento entre un país, que se convirtió en dos. Un conflicto que ha
enterrado a cientos de personas en su intento por cruzar el muro, del que
ninguna culpa tienen. Miles son perseguidos por el simple hecho de pensar o
desear ver a sus familias que se encuentran del otro lado de una barrera que
nadie pidió.
Alemania
Federal levanta el trofeo en casa, al reponerse de su derrota ante Alemania
Oriental, consiguiendo así su segundo título mundial, para 16 años después,
conseguir el tercero en Italia 1990. En vísperas de ese mundial, el 9 de noviembre de 1989, el Estado de
Alemania Democrática da un anuncio: Los residentes del país, ahora son libres
de salir de él. Inmediatamente la frontera con Alemania Federal se abarrota. La
gente está llena de alegría, la celebración es mayúscula. Esa misma noche el
muro de Berlín cae, el mismo que vio a más de 1,200 personas morir al intentar
cruzarlo, el que separó durante 28 años a padres, hijos, madres, esposos y
hermanos. El que separó a todos.
Casi un año
más tarde, el 30 de octubre de 1990 oficialmente la Alemania Democrática se
disuelve, dando así, paso a la reunificación. Una semana después, el 6 de
noviembre, nace André Schurrle, quien casi 24 años más tarde sería parte del
equipo que haría tetracampeón del mundo a Alemania.
Andre Schurrle
hace un golazo, para poner el momentáneo 7-0 alemán, ante Brasil. Julio César,
el arquero brasileño se tira rendido al suelo, no puede más, nadie en todo el
país sudamericano puede más. Un nuevo trauma ha nacido para el futbol
brasileño. Perder 2-1 en casa, como sucedió ante Uruguay en 1950, ahora parece
un halago. El país falló.
Del maracanazo
al mineirazo la población de Brasil creció casi cuatro veces, llegando a poco
más de 190 millones de habitantes. La población de las alrededor de mil cien
favelas, también aumentó. Según el censo
de 2010, son 11.4 millones las personas que viven en ellas. Es decir, más de 50
veces el número registrado en el censo de 1950. Durante esos 64 años las calles
se fueron llenando de niños, de delincuencia, de pobreza, de hambre y
violencia. También durante ese tiempo los niños han sido sacados de las calles
en bolsas negras, como sucedió en la masacre de la Candelaria en Rio de
Janeiro, en 1991, donde 8 murieron asesinados por policías. Pero eso es sólo un
ejemplo, pues según el IBGE, en 1990 murieron 445 niños y adolescentes a manos
de fuerzas de inteligencia policial, así como de narcotraficantes.
Es posible que
los malqueridos del maracanazo hayan sido sustituidos por los del mineirazo o
al menos acompañados. Desde la derrota ante Uruguay, el sueño era uno, jugar
una nueva copa del mundo en casa y ganarla. La realidad es adversa, el dolor
más grande y el fracaso absoluto. Los otros malqueridos, los de la sociedad y
del gobierno, no tienen sustitutos. Ellos siguen en los cerros, abandonados,
sin oportunidades y creciendo en número. El censo a las favelas de 1950 buscaba
sentar cifras para conocer un fenómeno y resolverlo. La realidad es adversa, la
pobreza extrema, la violencia diaria, el dolor más grande y el fracaso
absoluto.
De lo que
dejaron los malqueridos del maracanazo y de las favelas de 1950, nada mejoró.
Se soñó mucho pero se hizo poco. Nada se recuperó, sólo se perdió. Se perdió
más, mucho más.
Perfiles
Los ocho momentos
del mundial: el fútbol y su conciencia.
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| Foto: MrLestatz |
André Schürle
corre con balón controlado por la banda izquierda, cargando con dos defensas argentinos en su espalda, así
como con la mirada de cientos de
millones de personas alrededor del mundo. Metros más tarde, eleva el balón, que
tendrá tres impactos más, antes de tocar de nuevo el suelo. El primero, el
pecho de Gotze, quien, prácticamente solo, lo recibe. El segundo, el mismo
Gotze, aventándose hacia enfrente, logrando contactar el esférico con la pierna
izquierda. El tercero: la red. Finalmente el balón cae regresando al césped, en
espera de ser recogido por alguno de los seleccionados argentinos que se han
quedado fríos, heridos, detenidos; al tiempo que los jugadores de Alemania
arrancan a toda velocidad llenos de alegría, en busca de un abrazo con Gotze.
Alemania se corona como campeón del mundo venciendo 1-0 a Argentina. Así, en unos segundos se ha decidido todo: los
14 mil millones de dólares invertidos en la organización del evento, las
carreras de cada uno de los futbolistas, los cuatro años de preparación, las
horas de entrenamiento, la alegría de un pueblo, la desgracia de otro. La
historia, la mentira, la ilusión, lo sublime. Los reflectores, las miradas
pérdidas y las agachadas. Se ha decido todo, para seguir construyendo, destruyendo y jugando con la
historia y con la mentira.
Tras un mes de
acciones en Brasil, el 20vo. Campeonato mundial de futbol concluyó viendo como campeón a Alemania. Son
varios los momentos que s serán recordados durante muchos años: La humillación
del anfitrión al perder 7-1 ante los germanos, la pronta despedida del campeón
anterior España, así como de Italia e Inglaterra, la emoción y buen fútbol que
ofrecieron los equipos chicos como Colombia, Chile, México y Costa Rica, los
malos arbitrajes que se presentaron durante todo el torneo, entre muchas cosas
más. También quedan las protestas de los ciudadanos brasileños y la explosión
turística a la imagen de la pobreza en Brasil. Quedan los gritos de gol y los
gritos de hambre.
Fue en 1930 que
se jugó en Uruguay el primer mundial, dejando a lo largo de 84 años, cientos de
momentos más que se recuerdan hasta hoy, pero también escondiendo miles de
historias que se olvidan, se silencian, se ignoran y se lloran. El fútbol, para
muchos el deporte más bello del mundo, es pasión pura, es vida. Sin embargo, no
puede evitar infectarse del mundo, del poder, del abuso, de la muerte. Durante casi un siglo de acción, los
mundiales cargan en su conciencia guerras, tortura, desapariciones, pobreza,
dolor, muerte, tristeza y sobre todo vergüenza. ¿Es el fútbol un disfraz de la
realidad, un mal a la sociedad o sólo una víctima más de un sistema mundial
secuestrado por los juegos de poder, de ellos, de los poderosos? ¿De qué lado
está? ¿De los buenos o de los malos? ¿De la inocencia o de la maldad? ¿De ellos
o de nosotros? ¿Quiénes son ellos y quiénes nosotros? ¿Nosotros, dónde estamos?
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